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jueves, 24 de agosto de 2017

Adios

Cuando dices adiós a la infancia no sabes de lo que te desprendes, no se valora lo que se tiene hasta que se pierde del todo. La infancia significa no usar el móvil, significa disfrutar de los pequeños detalles, de inventar clubs absurdos como el club de las plantas y significa encontrar escondites por toda la piscina. También significa vender pulseras cómo si fueran joyas únicas y exclusivas y también significa gritar, llorar, reírse pero teniendo en cuenta que el perdón si iba a llegar en cualquier enfado tonto. Porque eran enfados tontos, como por ejemplo es que ella me ha robado una muñeca o es que ella se ha olvidado de decir esto o tal. Pero también eran perdones fáciles, y perdones que culminaban en un abrazo. Lo mejor de la infancia era la risa fácil, la risa que no escondía nada detrás, era una risa real. Lo mejor de la infancia era que los prejuicios no se escondían y que la fidelidad era mucho más importante y mucho más común. Porque uno para todos y todos para uno, donde cada día era una aventura diferente, donde no había redes sociales y tenías que sociabilizar a través de una mirada, de un abrazo, de un baile. Después de la infancia, vienen los problemas de verdad que también definen que personas están destinadas a firmar una amistad eterna y esas amistades que se desvanecen de la nada. 
Lo malo de la infancia es cuando creces y mirás hacia atrás, y recuerdas con nostalgia y tristeza todos esos momentos que dejaste en el tintero y que nunca podrás recuperar. Que los momentos nunca serán los mismos porque siempre serán más complejos y enredados. En la infancia hay menos villanos y hay más buenos. Cómo duelen esas fotos de pequeña que observas y piensas, coño donde esta esa niña de aquella sonrisa risueña, que apostaba más por la felicidad que ahora. 
Me cuesta decir adiós a mi infancia porque es la infancia la que me ha empujado a ser feliz, no me refiero a la ESO, me refiero a una infancia anterior, a una infancia sin ni siquiera móviles ni tuenti. Me cuesta reconocerme, parezco una vieja, ha perdido su vitalidad y es lo que intento recuperar. Porque sí, intento ser quien era en mi infancia, alguien feliz, descentrada de todos los miedos y de todos los problemas. Y cuesta mucho, porque aunque siempre quieres que el puzzle tiene las mismas piezas, las piezas continuamente van cambiando. Ya nada vuelve a ser como antes, ya nada tiene la misma luz y ya nada puede sembrar las mismas semillas. Eh, hablando de refranes, hoy ha sido un día de esos. Me autoinculpo de no haber luchado más y de haber dejado que el tiempo hiciese volar todas las hojas que formaban mi árbol, otra cosa, Diego me dijiste que el tiempo necesita tiempo pero a veces el mayor enemigo del tiempo es el propio enemigo y a veces el tiempo juega en nuestra contra, no lo olvides. Un día, un atentado puede tocar a tu puerta y ese tiempo que esperabas que fuese la solución acaba siendo tu peor enemigo. Que tengo miedo a que el tiempo acabé ganandome la partida, que la adolescencia se acabé y no diga todo lo que tengo que decir y no sepa mostrar la cara que quiero mostrar, una cara risueña que quiere comerse el mundo y no quiere que el mundo le coma a ella, que no quiere autogolpearse, que lo que quiere es contagiar alegría pero tengo miedo de que contagiar alegría suponga rebosarse de la locura y que esa locura en vez de gustar, sólo espante. 
Porque otra diferencia en la infancia es que a medida que vas creciendo te importa mucho más lo que opinen los demás, te importa más lo que la gente tenga en su mente sobre ti  e intentas crear la mejor portada de tu historia pero las mejores personas son las que no necesitan ver la portada para entrar en tu historia. 
Que me gustaría Irene que todo volviese a ser igual, que fuesemos niños con ganas de comernos el mundo y no con la adrenalina al cien por cien, que me gustaría que las personas dejasen de tratarnos como enemigos y se diesen cuenta de que simplemente todavía somos niños con ganas de disfrutar y de que el silencio para los niños es una regla prohibida. Que por mucho silencio que nos pidan seguiremos haciendo ruido. Que puede que nuestras aspiraciones hayan cambiado, que las relaciones cambian y las personas importantes se alejan de repente pero todo vuelve al rumbo que la vida decida y sé que todos nosotros estamos destinados a ir de la mano aunque nos empeñemos en separarnos. Que quizás el móvil nos ha comido el coco, que somos más mayores, que planteamos la vida de otra manera pero la risa siempre seguirá siendo el modo de vida y aunque hay que dejar con pena esos recuerdos que vivimos de pequeños, hay que tener la paciencia de abrir otra etapa que será diferente pero que también puede ser fantástica. Porque seguiremos siendo nosotros, con nuestros más y nuestros menos, que seguiremos corriendo por la piscina sin ninguna estúpida razón, que seguiremos ensuciando la piscina y escuchando regañiñas, que seguiremos haciendo locuras, viviendo días únicos aunque sean de otra manera. Porque por mucho que la vida nos haga cambiar, mientras los sentimientos sigan iguales... Y yo quiero seguir viviendo mi adolescencia con vosotros aunque mis hormonas estén desarrolladas. Que la infancia te crea miedos, te crea inseguridades y te crea un corazón más frágil y sobre todo te hace valorar todo lo que tienes alrededor y la adolescencia es en ese momento en el que quieres destruir todo eso para poder avanzar y ser adulto. 
El tiempo pasa, llevo 13 años en esta piscina, perdón, más, e incluso llevo 17 años en este mundo loco y año tras año aprendo. Lloro por lo que se fue y brindo por lo que viene, lucho por conservar aquello que está en el aire. Me enamoró con facilidad y me desenamoró el triple de tiempo que esto otro porque sé que mis sentimientos son verdaderos. Solo me han roto el corazón pero no me arrepiento porque tened claro que amar no es un error, es algo precioso aunque no sea correspondido. Amar siempre será algo positivo. He perdido amistades y este año he comprendido el sentido de la muerte, de la manera más dolorosa. La muerte te enseña, que va, no te enseña ni una mierda, sólo te hace odiar a la vida un poco más. Porque tened claro que el dolor nunca enseña nada, sólo hace daño como cuando te dan un disparo. Quizás aprendes a esquivar mejor la bala pero te pueden disparar por cualquier otro lado. Y no sé, adiós a mi infancia pero hola a todo lo que queda por llegar que todavía son muchas cosas. Tengo muchos sentimientos, una felicidad díficil de explicar, personas importantes y tengo muchas razones por las que seguir caminando y por las que seguir luchando. Y lo siento por ser pesada pero es que es así, la vida es un laberinto de difícil solución. Y la infancia te enseña la importancia de ir acompañado y da igual la etapa, en todas las etapas necesitas compañeros que te guíen y eso es lo quiero. Adiós a la infancia con una sonrisa, hola a lo que venga con ilusión y con miedo pero con ganas de descubrir nuevos mundos, de vivir los 18 años con la gente que me importa, gente nueva y gente que me ha visto desde bebé. La vida es así, personas nuevas y personas antiguas, personas que estuvieron desde que nací y otras que se han ido acoplando y dando más páginas a mi historia. Lo bueno de mi adolescencia es que me ha permitido conocer a personas que de otra manera no habría conocido y supongo que la adolescencia también tiene su punto especial y único, sólo hay que saber descubrirlo. No hay que tener miedo al futuro, hay que disfrutar del presente porque nadie sabe lo que viene detrás, te lo avisan pero tú tienes que vivirlo al cien por cien. Y es lo que quiero, ir con una venda en los ojos e ir viendo todo, siendo impulsiva y estando alocada, con mis inseguridades y lagunas y con mis cualidades y sonrisas. Y es así .

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