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lunes, 10 de julio de 2017

La formalidad.

La formalidad da asco, llevo media hora intentando escribir sobre emociones siendo lo más formal posible y es gracioso, porque el corazón no tiene nada de formal, el corazón ni es formal ni es respetuoso, ni siquiera se sabe qué es, quiero decir, a veces llega demasiado pronto y otras veces llega cuando el tiempo parece acabar. Y no es como una partida de ajedrez, no puedes planear una jugada contra lo que el corazón haya decidido porque el corazón siempre se anticipa a los movimientos que tu cerebro esté intentando hacer. Es un mecanismo jodido y puñetero pero es real. Y perdón por las palabrotas, pero cómo puedo pretender que cualquiera de los que me leáis me entendáis con un vocabulario más bien sacado de la literatura de la Edad Media, a mí me daba asco leer los textos de esa literatura porque no entendía nada y llegaba la hora de responder a las preguntas y me inventaba las respuestas buscando palabras lo más cultas posibles. Y perdón, de nuevo, quizá esté siendo demasiado formal pero la formalidad está sobrevalorada, os lo garantizo. La formalidad es como esos trajes de comunión que llevan los niños y niñas que todos sabemos que acabarán manchados pero nadie se niega a dejarlos de llevar, porque es como el desayuno que anticipa la comida y el postre. Quizá no me hayáis entendido esta metáfora pero me refiero a que el vestido atrae a las chicas porque les hace más bellas, más atractivas y a esa edad la belleza es un concepto mágico para ellas, pero por otro lado también les atrae el vestido porque significa romper una etapa, ser más mayor, tener un regalo de comunión, que todo el mundo centre la atención en ella y todos sabemos lo importante que era y sigue siendo ser el foco de las personas y sobre todo para algo tan bueno. El vestido en sí no es importante sino lo que conlleva después, lo que provoca. El formalismo es eso, a una entrevista de trabajo tienes que ir arreglado por eso de las apariencias y de los prejuicios pero no os engañéis para mantener el trabajo necesitarás más que un traje, y sobre todo no os engañéis la sociabilidad y todos esos rollos no se consiguen con un traje. Y eso que vivimos en la sociedad más superficial desde hace siglos. Claro que las personas se fijan en la ropa y critican como ratas de alcantarilla, y claro que se fijan en el maquillaje desde luego. Pero os garantizo una cosa, yo nunca he sido de esas personas que se han arreglado muchísimo en su vida, que le gusta, claro que a todos nos gusta sentirnos atractivos para el espejo pero a veces el tiempo, la torpeza incluso no te lo permiten. Y cuando me he arreglado he sentido esos comentarios, de qué guapa Vera, que tal y que tal de personas desconocidas, la mayor parte de esos comentarios de personas desconocidas, de conocidos y tal, también de amigos por supuesto pero no sé si me estáis entendiendo, no es lo mismo sentir esa crítica positiva por parte de esos conocidos, que la confianza de unos amigos. Y afortunadamente considero que mis amigos actuales no poseen prejuicios de ese tipo, no te miran de arriba a bajo ni te están juzgando cada aspecto que tienes, pueden tener comentarios como cualquiera peor es diferente, no sientes que estás en un concurso las 24h. Y cuando tienes esa clase de amigos, te permites ir en bañador y en chanclas, en ir despeinada y sin tantas formalidades, porque sientes esa confianza y esa seguridad, quizá se rían de ti pero sabes el tono en el que es la risa, y sobre todo sabes que esa clase de amistad cuando lo necesites te ayudará a ser más formal pero no te forzará a serlo. Y los que no son tus amigos, siempre te forzarán a ser formales porque viven en su mente con la crítica y la crítica. No todos, yo por ejemplo no me gusta juzgar a nadie, no me gusta hablar de formalismos si soy la persona más informal del mundo. Pero la mayoría de personas que he ido conociendo me han demostrado que prefieren vivir su vida formal a intentar meterse en una vida más profunda. Porque aunque no lo creáis la vida formal es muy sencilla, es muy simple, sólo tiene reglas y eso no asusta porque sabes todo, cómo debes de actuar pero la otra vida es más difícil porque al no llevar traje te sientes más desprotegido, las personas te juzgarán más fácilmente y buscarán la manera de sentirte mal por no seguir las reglas.
He cambiado de tema, iba a hablar del amor pero quería hacer una reflexión de la formalidad porque sinceramente está demasiado sobrevalorada en mi opinión. El amor no necesita formalidad. Bueno, aclaro que yo si tengo que ser formal lo soy, porque a mí también me gustan los trajes. Y lo bonito del amor es cuando se pasa de la formalidad a la informalidad, de no mirar a los ojos a una persona a tener la confianza de hacerlo día a día. Es precioso, pasar de la desconfianza a la confianza total .Y ese paso significa que el amor es de verdad, ese paso también es peligroso porque también significa que el peligro de dañarte es real y aumenta cada día más. Que hable yo de amor y no lo conozco apenas, bueno, todos tenemos derecho a hablar de amor, todas las personas que hemos sido capaz de cometer locuras por amor, de ir a contracorriente por una perosna, todas las personas que hemos sentido ese dolor en la tripa que llaman mariposas pero las mariposas son más bonitas o más tranquilas, todas las personas que por la noche intentan hallar las respuestas de ese corazón confuso... pueden hablarlo, pueden buscar su propia definición. El amor consiste en ser valiente, porque el amor si se escribiese en un contrato tendría infinitas condiciones en letra pequeña. Lo malo del amor es que nunca será un contrato porque tú no eliges si firmar o no, porque el corazón actúa sin pedir tu opinión. Lo malo de esta sociedad es que el amor todavía es un tabú, si te enamoras de forma no correspondida las personas te pondrán muchas etiquetas, se reirán de ti o te compadecerán y lo peor es la compasión porque no os engañéis, querer nunca es algo malo, aunque no haya doble sentido, querer es precioso aunque esté ligada al dolor. Yo he querido más de lo que he conocido el amor y os puedo garantizar que es jodido no alcanzar algo que parece que todo el mundo esté cerca de tocarlo pero cuando el tiempo pasa te das cuenta de lo bonito que es querer, de lo bonito que es dar todo por una persona aunque esa persona nunca lo haga de forma recíproca. Es precioso lo que el amor nos provoca, todo los buenos actos que hace. Bueno, me equivoco, porque hay personas que cuando quieren piensan de forma egoísta aunque al fin y al cabo eso no es amor, es rabia. Amor es dar tu propia felicidad a la otra persona. Ser cobarde es negar los sentimientos, ser cobardes es huir y no ir por ese camino y arriesgarte, gritar lo que sientes sin tener miedo de las consecuencias, porque un corazón roto es mejor que un corazón descolorido, un corazón que intenta sentir pero al que se le impiden. Lo sé, sé que quizá lo que digo no tiene sentido pero es que lo que no tiene sentido es lo que está más cerca de la felicidad y madurar implica saber que cuando amas, no puedes obligar a otra persona que te ame. No es justo, no puedes pedir eso, ni exigirlo. No debes ni mendigar ni exigir amor. El dolor siempre te acompaña con una pizca de amor. Es difícil, yo he sufrido mucho por querer a personas pero con el tiempo lo he valorado de forma positiva, porque gracias al amor he sido una persona muy buena, he sido una persona capaz de sacrificar mis propios interés por una sola persona de millones que hay en el mundo y eso es bonito, os lo juro que lo piensas y es bonito, pensar que yo lo he dado todo sin pedir nada a cambio es gratificante. Y claro que sería más bonito estar con alguien que también lo hiciese por mí pero mi corazón es caprichoso y a veces es demasiado intenso pero simplemente se deja de guiar sin pensar en las normas, porque si de algo me siento orgullosa es que soy una persona que nunca ha dejado que las normas le pusieran por encima. Y he cometido muchos errores, no sólo en el amor sino en todas las facetas pero no estamos en la edad de quedarnos con las ganas, estamos en la edad de fallar cien mil veces y de acertar la mitad, de querer con el doble de intensidad y de no odiar, de dejar el rencor a un lado, de llorar, de sufrir el dolor lo suficiente como para poder saborear la felicidad posterior, estamos en la edad de cometer las mayores tonterías, de dejar los prejuicios y de dar oportunidades a las personas que menos pensábamos que encajaban en nuestras vidas porque la felicidad sólo es plena cuando los prejuicios y el rencor se tachan de nuestra vida, cuando las formalidades dejan de tener una importancia plena y abrimos nuestra mente. Cuando abrimos nuestra mente parece que el mundo tiene otro color, otra forma y aprendemos a arriesgarnos. Es un consejo pero quien arriesga puede perder o puede ganar pero siente y vivir es sentir, no vivir es lo contrario. Dejad tanto las formalidades, las frases clichés, los trajes y centraros en ser más informales en mente, y también en el amor porque tanta formalidad puede que sature el amor y el amor decida irse.